El fin de semana no comenzaba con muy buena pinta. Una de las muelas del juicio estaba empujando con ganas y me tenía un tanto rabiando; lo de costumbre, lo suficiente com para fastidiar un fin de semana pero que no llega como para encontrarlo motivo de baja laboral, claro que muy mal me tendría que encontrar como par dejar de faltar al trabajo por eso, herencia genética supongo.El viernes directamente decidí no ir con los amigos de fiesta, aquella muela de veras que se estaba abriendo camino con ganas. Ya que me quedaba en casa decidí probar suerte con un exámen de certificación de Sun Microsystems, productos de WorkGroup si mal no recuerdo. Cosa grande eso de poder hacer los exámenes por Internet. Lo aprobé y me fuí a dormir contento, hasta donde la muela lo permitía al menos.
Tantas prisas y 4 años después aún no ha acabado de salir la muy puñetera, de tanto en cuanto tiene a bien de amargarme un poco el día y ponerse a empujar. Cada cual a lo suyo.
Y el sábado sin tener la muela muy controlada, parecía que las ganas de salir al exterior se le habían comenzado a pasar. Total que un amigo que por aquellas estaba comenzando a salir con una chica, nos dijo que ir a cenar con ellos y dos amigas de ella. Y para allí fuimos. Dado que lo mío no son demasiado las relaciones sociales, al menos en cuanto comienza a haber demasiada gente; mientras mis colegas iban hablando yo daba buena cuenta de la comida que tenía en la mesa. Masticando sólo con la parte de la boca que estaba en servicio al 100%.
Al salir del restaurante esperamos que llevasen a una de las amigas a su casa porque no tenía ganas de salir de fiesta. Para vernos a los 3 en medio del Eix Macià (principal avenida de nuestro pueblo) bailando alegre y patosamente el Que la detengan de David Civera. ¡Menuda estampa! A nosotros nos tenían que haber detenido
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De esa guisa estábamos cuando llegaron la novia del colega y la amiga. Y para las carpas de St Quirze (ya desmanteladas hace unos días). Nada más llegar la amiga que se cae en medio del Párking y que no se podía levantar; mi colega y yo que nos quedamos mirándonos, y su amiga se lía a partirse de risa. Gracias a la telepatía simplemente fuimos poniendo tierra de por medio camino la entrada, a la noche Smirnoff. Yo conseguí un mechero que acabé llevando en el bolsillo varios años, y gracias a que los amigos conocían a uno de los porteros, acabamos saliendo con una colección importante de camisetas
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Por aquella época un poco de Vodka con naranja influía en mí poco más o menos el mismo efecto que la poción mágica en los galos que aún resisten el acoso del imperio romano. Así que con sólo un trastito ya estaba más contento que un niño con un surtido de chupa chups.
Pues en medio de la pista que se venían dos chicas por el camino, y simplemente me aparto para que puedan pasar. Y una de ellas me agarra la mano y me lleva de paseo, con la intención de presentarme a una prima. Cuando estaba ya por allí le dió por poner al DJ el Ave María de David Bisbal (el monstruo). Y yo hice una interpretación freestyle total del tema. Que hizo que la que originalmente me llevase de la mano a presentarme a la prima, me quisiera para ella.
Claro que una vez finalizada la interpretación, yo me volví con los colegas a continuar nuestra fiesta particular. Pero la chica se vino detrás. Laura según le pude sonsacar, así que poco tardé en bajar el “Laura non cé” de Nek, una canción un poquito trágica. Fueron pasando los fines de semana y por allí nos íbamos viendo, consiguiendo sacarle varias sonrisas por noche. Hasta que le llegó el turno a la última noche que abrían.
Todo iba más o menos bien, hasta que conseguí apartarla de las amigas para hablarle en privado, y supongo que más o menos como de costumbre meter la pata. El caso es que después se comenzó a hacer el tema un poco agobiante, una amiga me intentó convencer para que le pidiese una canción al DJ, una de David Bisbal. Pero en medio me soltó en nombre de Eva, que me dejó un poco fuera de lugar… empezamos bien, me soltó un nombre al azar. Luego el hermano se puso pesadito presentándome a todos los colegas del lugar como su cuñado. Otro también dándome la vara con nosequé. Como que de repente me empecé a ver desbordado decidí que lo mejor sería ocuparme de mi colega que llevaba ya unos cuantos cubatas de más.
Y casi casi, acabó ahí el tema. Aunque hubo caza y captura por un tiempo.
A partir de ahí se creó el mito: a la que sé el nombre de una chica, ésta desaparece.