Strike
El viernes fue día de elecciones en la empresa, para elegir el comité de empresa … bueno ésto de los sindicatos y tal, es que la verdad que no me aclaro mucho con la nomenclatura; lo cual podría ser un tanto bochornoso si no fuese por que a mi manera yo soy un tipo feliz.
La cuestión es que estoy en la única lista que se ha presentado a las elecciones, y como por narices algún voto habremos recibido va a ser que a partir de ahora me tocará hacer nuevas funciones.
Todo el tema viene porque tiempo atrás estaba casi de fijo en un cliente en el que tenemos una cantidad considerable de gente trabajando (algo así como el 15% de la plantilla) y decidieron que sería buena idea que estuviese en el Comité por conocerlos a casi todos.
Cosas de la vida por allí ahora casi no pongo los pies. De hecho las últimas veces que he tenido que ir para allí es porque Dominique quería que hiciese algún trabajo concreto, que además supongo que el resto de la gente no estaba mucho por la labor de hacer. De todas ya había soltado el “Que venga Patrick”.
El último fue irme a Ávila para instalar una máquina un sábado. Y vamos a nadie le hace ni pizca de gracia tener que trabajar un sábado más de 600 kms de casita. La parte buena del tema es que facturé un montón de horas extras, aunque trabajar trabajar, la verdad es que no tuve que hacer demasiado.
Claro que para sorprendente el viaje que hice en Diciembre del año pasado con Dominique para revisar un trabajo que tenía que hacer durante una semana (una semana que era casi toda festiva, con lo que resolvieron que casi mejor me enviaban a mí). Para empejar el viaje hasta allí se nos retrasó porque nos tuvieron en el avión esperando por un permiso para despegar durante más de una hora, yo temía que éste hombre ya comenzase a pedir audiencia con los pilotos para meterles prisa … ¡menudo es!
Pero lo mejor estuvo a la vuelta, metidos en el 757 de Iberia (EC-HDV Nicaragua) de regreso al aeropuerto de Barcelona. El 757 (según leí en alguna ocasión) es conocido como Rocket ya que es el avión comercial que es capaz de subir a mayor velocidad en el despegue (cosa que viendo esos dos impresionantes Rolls Royce no me extraña demasiado). Pues en plena ascensión un compartimento de maletas que se abre, y éste hombre que se me comienza a poner nervioso.
-”Aquí tendría venir una azafata para cerrar el compartimento”
-Pero hombre, Dom, que estamos ascendiendo, no se pueden mover por el pasillo
-”Pues si es necesario que se ponga un arnés. Porque vamos a ver ¿Qué es más importante? ¿Qué la azafata se rompa una pierna o que a ese señor se la caiga una maleta encima de la cabeza?”
En ese momento es cuando ya no sabes donde meterte y casi pones cara de “a éste señor no lo conozco yo de nada”. Porque ni se te pase por la cabeza que lo sentía sólo yo, a ésas horas medio avión debía estar alertado sobre un compartimento abierto. Así me gusta propagando el pánico en un vuelo.
Cuando pensaba que lo peor ya había pasado, comienzan a salir con el carrito de servir cosas y éste hombre que se pone a llamar al timbre de servicio, a silbar … sólo le faltó ponerse a aplaudir. Si antes no sabía donde meterme, pues en ese momento … con la cara roja como un tomate aderezado con tabasco debía estar.
Un viajecito para no olvidar …

Ayer dejé el coche en el taller para hacer un cambio de aceite y de lo que necesitase. Al ir a recogerlo el mecánico me ha empezado a detallar todo lo que le ha tenido que hacer al chiquitin.
A todas esas, que por fortuna pude regresar el viernes para Barcelona. Gracioso el piloto de Air Europa decía que ya íbamos retrasados una media hora, pero que el día anterior el retraso era de hora y media. Yo iba cruzando los dedos, porque con Air Europa no sería la primera vez que se me retrasa la llegada mucho más de lo deseado. El año pasado uno vuelo que tenía que salir un poco antes de las 20h acabó saliendo casi a las 0h. Ahora mismo no recuerdo si en ésa época ya había comenzado a utilizar mi coche para ir al aeropuerto, o sí aún utilizaba taxi. Desde luego, si te toca de llevar el coche hasta casa (cuando además hay un paseito considerable), lo último que deseas es llegar al aeropuerto con los ojos cerrándose: mi coche aún no tiene piloto automático.
De momento el tema de ir allí a trabajar lo tengo bastante aparcado, pero si me ponen sobre la mesa un contrato por valor de 7 veces el que tengo aquí, no dudo un momento en coger los bártulos y salir disparado. Eso sí, antes de salir tendría que hacer una reflexión muy seria acerca e lo que hago con la bebida.
Otra vez en Madrid. Como era de esperar algo tenía que suceder, por algún extraño movito, algo tengo con Madrid, algo tengo contra esa ciudad, o esa ciudad lo tiene contra mí que alguna historia rara me acaba sucediendo. Con esa perspectiva que acostumbro casi a ir temblando a Madrid; bueno, ¡que demonios casi a cualquier parte!.
Preveyendo el más absoluto de los fracasos decidí ir primero al piso para que si las copias no funcionasen como mínimo dejar el portátil y no andar cargando más con él. Y efectivamente las llaves no abrieron. Después de la pateada que me había pegado y del sueño que tenía encima estaba como tirarme a llorar a pulmón abierto, igual conseguía una buena postura y la gente comenzaba a tirarme monedas, y así sacarle un buen provecho al viaje, que sé yo.
Hay días que te ves sorprendido por pequeñas cosas, como la última fiesta. Supongo que hacíamos las últimas
Una cosa que nunca dejará de impresionarme de las mujeres es como son capaces de manejarse con montones de ropa y de zapatos. La verdad que nunca le había prestado atención anteriormente, pero me abruma la cantidad de zapatos que puede llegar a tener una mujer, para todas las ocasiones, para todas las climatologías y de todos los colores. Por la ropa de alguna forma como que no me extraño tanto, aunque igual no tengo tales cantidades de ropa, pues como que todo todo todo, bien bien no me cabe en el armario
Desde hace unos años adquirí una táctica para los zapatos. Los zapatos normalmente me duran una cantidad razonable de tiempo, algo así como unos 3 años. Como en más aspectos de la vida, intento no ser una victima del consumismo y así mantengo la economía saneada. Porque los zapatos no es que sean precisamente baratos los muy condenados. Vale que a veces soy un poco “pijo” y voy a lo que me gusta, y lo que me gusta no es lo más barato, je je.
Me imagino que sobre la hora que se publique ésta entrada estaré viajando hacía Madrid. Tengo que estar allí durante una semana para hacer un trabajo en un cliente, pero gracias a las maravillas de la técnica deberían de aparecer algunas entradas durante la semana.
De momento como anécdota para el viaje (y eso que aún no he salido) ya tengo que la fecha del billete de vuelta está equivocada, en vez de tenerlo para el 22 de septiembre lo tengo para el 28 … y ganas de pasar el fin de semana allí tengo muy poquitas. Porque en anteriores ocasiones me ha pasado desde quedarme encerrado en el piso y no poder salir a buscar comida, grrrr, hasta llegar por los pelos a la oficina después de salir algo tarde del cliente y apunto de no poder recoger la maleta; así que supongo que alguna cosa divertida me debería pasar ésta vez.