Meterse en el mundo de la cocina no es algo nuevo para mí, pero ciertamente no es algo que haga todos los días y por tanto es normal que me pase alguna, falta de experiencia, pero vamos a base de ir experimentando se van consiguiendo resultados. Mi problema en Madrid lo tuve con unos muslos de pollo, los puse en la parrilla junto con unos pimientos parecidos a los de padrón, pero el fuego estaba demasiado fuerte así que el pollo se me hizo por fuera pero no por dentro. Y el pescado crudo (Sushi digamos por caso) pues no me desagrada pero la carne es otro cantar.
A mí la carne me gusta hecha, muy muy hecha, casi hasta que esté incluso crujiente. Hay quien dice que eso es poco menos que un delito, que la carne tiene que estar al punto y quizá un poco menos (aunque seguro que saber que es la carne al punto ya puede ser de por sí solito un gran objeto de discusión). No me extrañaría que si me lo hiciese mirar por un psicologo, llegase incluso a asegurarme que es un trauma infantil. Como ya me lo imagino, pues casi que no pierdo el tiempo en que me lo dictamine otro.
El caso es que no me gustó nada la experiencia de comerme el pollo semicrudo y decidí que eso no podía volver a repetirse. Y menudo soy cuando me empeño en algo. Por mi mente estuvieron circulando ideas perversas de que hacer con los restantes muslos de pollo, hasta que llego a la forma definitiva. En un primer lugar se me ocurrió probar de hacerme unos shawarma de pollo, que me encantan, ¡que cosa más rica! Así que me lancé al internet a ver como se hacía un shawarma de pollo, y como para echarse una risas, primero hay que marinar la carne con la tira de cosas y después al hacerla la salsa para el shawarme tiene que ser de no sé que tipo. Vamos, que no.
Como el tema de ir a comprar pan de pita al SuperCor de Garcia Noblejas (quien quiera autógrafos, cuanto estoy en Madrid alguna vez me acerco por allí) lo fuí modificando sobre la marcha y lo que hice fue comprar unas cebollas, unos pimientos verdes y finalmente unas tortillas (o tortitas) de maíz y una salsa mejicana; la idea ya estaba más que clara me iba a hacer unos burritos a mi propio estilo.
¿Y cómo lo hice? Pues me dedique a trocear buenamente la cebolla, llorando más que un bebé cuando tiene hambre (aunque con menos ruido, todo sea dicho) y después un par de pimientos en finas tiras de como unos 10 cms de longitud, un poquito de sal al temita y a la sarten con un poco de aceite. Aquí también tuve un pequeño error y es que lo suyo parece ser que es tirar el pimiento un buen rato antes que la cebolla ya que le cuesta más hacerse… o a lo mejor el truco es hacer aún más delgado el pimiento y un poco más grande la cebolla, a saber.
Y mientras la cebolla y el pimiento se van guisando, me dediqué a ir cortando el pollo en trocitos pequeñajos pequeñajos. Cuando pimientos y cebolla estaban ya hechos (la verdad es que la cebolla quizá estaba un poco hecha de más) entonces los retiré de la sarten y puse el pollo en trocitos, un ratito que se dorase y se hiciese (así en trocitos eso se consigue rapidísimo) entonces volví a poner cebolla y pimiento en la sarten para que quedase todo consistentemente mezclado y calentito.
Lo que viene a continuación no tiene mucho misterio, un pegote de la mezcla encima de una tortilla de maíz, se envuelve la tortilla y padentro. Igual con unas gotas de tabasco o con unas guindillitas, algo así picantón hubiese estado mucho mejor, pero bueno para ser una primera experiencia en el tema la verdad es que me quedó bien rico