Cuando se apunta muy alto hay que disponer de artillería de la mejor calidad, una gran habilidad, suerte o una combinación de los factores anteriores. En particular se me hace más cierto cuando a lo que aspiras es intentar conquistar una mujer. Artillería hay la que hay ¿qué se le va a hacer?, habilidad para meter la pata la que se necesite, pero para lo necesario escaso… y en la suerte no se puede confiar demasiado, Murphy es mucho más fiable.
En determinado momento de la noche, la vi. Y comencé a tejer mi estrategia del caracol (caracterizada sobretodo por su peculiar velocidad). Estaba claro que si pretendía llegar a alguna parte, iba a ser cuestión de afinar la habilidad hasta límites nunca explorados, y aún así tener que depender extremadamente del factor suerte.
La estrategia estaba definida rápido, ponerla operativa ya es otro cantar, el Maverick ya tiene claro cuando he visto mi objetivo, en fin, la famosa señal del perrito. A partir de ahí el procedimiento de siempre, llega el momento que me acerco al Maverick y le digo “tío, soy un cobarde”; levantamiento de hombros: “venga, a estas horas de la noche dime alguna cosa que no sepa ya”. Ya que pasa un buen rato el siguiente comentario es “creo que me voy a tener que acercar a decirle alguna barrabasada”… la respuesta es un gesto de incredulidad “a ver Ryan<i>air</i>, ¿qué me estás contando? que todos los días estamos con la misma canción, y cuando a las 2 horas se acaba largando a otro lado me vienes a decir que justo cuando se iba que le ibas a decir algo, anda y tomate un zumo de melocotón para calmarte un rato”.
Pero bueno algún día se usa la táctica del <i>amos pallá</i>, y entonces hay que llevarse las manos a la cabeza y ver que tal se toma la barrabasada que se me pasara por la cabeza la mujer en cuestión. Para empezar seguí el consejo del DJ Bianchi: nada de empezar con un hola, si empiezas con eso, con eso terminas; tampoco comencé con un adiós, que no es cuestión de mostrar mi afición por ShinChan de buenas a primeras. No empezó la cosa del todo mal, la chica se quedó paradísima, hasta tal punto que el Maverick ya estaba preocupado por que locura le tenía que haber dicho. La siguiente fase sería ver si seguía la estrategia del “voy a hacer como que no he escuchado nada, incluso después de haber puesto unos ojos como platos de sopa fría” o si contestaría algo.
Bueno, ahí hubo suerte, la chica al menos era agradable, me llevó rápidamente por el camino de “continué jugando y pruebe suerte otra vez”, y acabó comentando que lo que le había dicho le gustó.
Lo importante es participar, y si te llevas una mención, pues no se puede considerar un resultado del todo malo