La máquina de mugres
El jueves no había puesto suficiente madera en la fiambrera y por la tarde tenía que ir a visitar un cliente. A la hora determinada salí por la puerta a hacer un poco de metring por Barcelona para ir de una punta a otra. Como esa mañana también había ido a la piscina, el haber comido poco me estaba dejando sin energías, necesitaba repostar algo. Así que al llegar a la parada de Glorias me asomé a la máquina de mugres (máquina de vending) y me decidi por un Milka Lila Pause.
Para algo soy un fan incondicional del chocolate, y en cuestión de chocolate, pues los suizos son unos artistas, así que era una elección sin duda acertada. Me puse a rebuscar en la cartera una moneda de Euro para que me diese mi chocolate y a falta de algo mejor pues tuve que ponerle una moneda de 2 Euros.
Marco el código del Milka y empieza a dar vueltas la espiral, está a punto de caer mi chocolatina, cuando se queda parada, ¡parada!. Circunstancia que me empezaba a incordiar entre mucho y demasiado, así que intenté resolver el tema civilizadamente (para algo soy experto en pelearme con máquinas), esto es, propiciándole pequeños golpes en el frontal de la máquina, básicamente porque eso parecía hacer moverse al mika. Sí, otra opción era comprar un segundo Milka con la esperanza de que empujase al primero, pero no es plan de dejarse la pasta porque a la máquina le haga ilusión. Así que continué ejerciendo presión hasta que al final por cansancio la máquina acabó escupiendo mi chocolatina.
Y nada más aterrizar en la bandeja empieza el tintineo de las monedas. Y ¡oh sorpresa! de los 2 Euros que le puse me devolvió 4 monedas de 50 céntimos. Negocio redondo, por esta vez.