Wunala Dreaming

30 julio 2006

Los restos del naufragio

Filed under: Stormy,Trabajando — Patrick Ryan @ 9:07

Hay canciones que recuerdas por estadas ligadas fuertemente a una época, a unas vacaciones, a un viaje, a una persona … Y cada vez que las escuchas te hacen volver a ése momento; hay veces que ése transporte gratuito al pasado es agradable, otras se hace duro, y en otras ocasiones es una mezcla agridulce. En la última está los restos del naufragio, de Miranda Warning.

Fue en Santander, durante la última semana de septiembre del 2005. Tenía que ir a terminar la migración de un campus de switches, e iba un poco con el tiempo justo. Vuelo tempranero con Vueling a Bilbao (en el aeropuerto como a las 6 de la mañana), coche de alquiler hasta Santander y a ponerse a trabajar.

El lugar la verdad que estaba bastante bien, en un valle, montañas por aquí por allí, un río … Y cuando íbamos con el coche a comer, pues la canción de Miranda Warning que sonaba bastante por esos días.

Ése día fue productivo de narices, ya que el responsable de allí cuando le dije de sustituir la electrónica de dos de los armarios más complejos no me dijo ni que sí ni que no, nos pusimos manos a la obra duro y acabamos la jornada cerca de las 22h. A última hora nos estuvo fastidiando el router Cisco. El caso es que tenía configurados los puertos de acceso para no permitir STP, y el router estaba empeñado en emitir paquetes de STP; como a las 22h no estás ya para muchas historias (si te has levantado a las 5h, menos aún) lo dejé en uno de los switches antiguos. Visto el problema con el Cisco, no me fuí sin dejar una nota con mi teléfono por si pasaba algo. Para que quede en la posteridad, uno de los comentarios que hice ese día es “tengo que dejar mi afición a meterme en la boca del lobo”.
Obvio, pasó, y poco después de las 8h me llamaron, de camino a la fábrica el teléfono venga a sonar. Una parte de la fábrica parecía estar medio desconectada del resto. En cuanto llegué, lo primero que me cayó fue un chorreo de bronca de aquí te espero. A la que el muchacho me dejó tranquilo, puse el tarro a pensar a toda prisa para solucionar el problema, y en un plis lo dejé todo funcionando correctamente. A informar a medio mundo que todo está bien y a que el efecto de la adrenalina (que me permitió solucionar el problema) pasara, y a partir de ahí hundirme yo sólo en la miseria.

Cuando la fastidio no me gusta eludir responsabilidades, de la misma forma que cuando no tengo que ver tampoco me gusta cargar con ellas. Así que el tema no me dejó demasiado tranquilo. Llamé a mi jefe, el cual me contestó algo como “a los mejores médicos de vez en cuando se les escapan algunos pacientes”; pero estaba yo ya en una carrera frenética, sin frenos y cuesta abajo. Mi disposición era clara: asumir responsabilidades y abandonar TODO. Y ahí me rescataron de mi caida a un pozo sin fondo, me fuí a almorzar, tomar alguna manzanilla y volver a la carga.

Ese día dos personas se encargaron primero de subirme de las profundidades hasta la superficie, y otra de acercarme hasta la orilla, y no es precisamente una tarea fácil.

El resto de la semana, tocó trabajar bajo una presión considerable, justificando paso a paso cada acción a tomar y soportando frases tan memorables como “de aquí la gente se va a las 18h, y vosotros con ellos”. Con todo conseguimos terminar el trabajo y dejar atrás Santander.

Gracias a la gente que nadó tan bien por mí 🙂

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