Wunala Dreaming

3 septiembre 2006

Be gentle

Filed under: Manías,Social ability — Patrick Ryan @ 20:41

Para bien o para mal intento regir mi vida según una serie de valores (o principios, al gusto de cada cual) que me he forjado por mi mismo o que me han sido inculcados. Soy consciente que elegir seguir tus propios principios puede no ser un camino muy agradable, pero me encanta seguir mi propio camino.

Supongo que soy un idealista irremediable y por mucho que me tropiece con una piedra, si creo que la decisión fue correcta, con muchísimo gusto volveré a tropezar con esa piedra una y otra vez. Eso sí, siempre pensando que algo tiene esa ocasión de diferente como para no irme al suelo.

Mi idealismo tiene como pieza principal el respeto por el resto de la gente. Intentar en todo momento ponerme en la posición de la otra persona y facilitarle las cosas en la medida de lo posible, pedir las cosas sin exigencias ni prisas …

Hay algo que me pone bastante nervioso en ése sentido. Por ejemplo, cuando tuve que estar en Vitoria Gasteiz por una instalación tuvieron a bien de alojarme en el Gran Hotel Lakua, sin duda un hotel extraordinario y ampliamente recomendable, aunque teniendo en cuenta que lo extraordinario tiene su precio. El caso es que uno de los días me animé a comer en el restaurante del hotel, una pequeña frivolidad porque desde luego es algo que no está hecho para mi bolsillo, pero un día es un día y ¡que leches! ¡yo lo valgo! (o como mínimo me lo pago yo). Con la comida pedí una botella de Sidra, dentro de que no soy ningún sibarita del sidra y si me van a traer una botella excelente no la voy a saber apreciar; pues al menos me gusta y lo voy a disfrutar, con el vino bien estúpido sería si me gastase nada porque de entrada no me gusta (a excepción del lambrusco y mi aventura con él en Santander).

Pues cuando me trajeron la botella la camarera me comenzó con un ritual de enseñarte la botella, abrirla con ceremonia y ponerte un poco en la copa para que des tu aprobación. No me gusta para nada la servilidad, ni tener que serlo con la gente, y mucho menos que lo tengan que ser conmigo, me pone malito perdido de los nervios. Prefiero que simplemente me dejen la botella descorchada e irla engullendo a mi ritmo, ¡que soy un pardillo pueblerino, oiga!. Por eso que esos días iba a cenar a un pub Irlandés que estaba a la vuelta, el camarero parecía un tipo simpático, me ponía mis Guinness, mis crujicocas y lo feliz que me iba a dormir al hotel.

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