Wunala Dreaming

20 septiembre 2008

Thrust shortage

Filed under: Cars,Viajando — Patrick Ryan @ 7:20
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La inocencia es algo que se mantiene a lo largo de la vida, aunque se supone que en una cantidad de campos cada vez menor. Hay cosas que hasta que no te toca hacer por ti mismo, pues piensas que pueden ir de otra manera. Yo siempre me he considerado un alma cándida, así a bote pronto me acuerdo de algunas revelaciones que me fue dando la vida.

Aunque era muy pequeño aún me acuerdo de cuando me enteré del asunto de los Reyes Magos, estaba comiendo en la cocina con mi padre sentado en mi silla tamaño mini hasta que en un momento determinado salió el tema a la palestra. Recuerdo que me agarré un berrinche de muchísimo cuidado y que no me quedó otra que ir llorando a mi madre, para que me acabase corroborando lo que había. Después de semejante descubrimiento mis pensamientos fueron en la dirección de: “pero, entonces … ¿el ratoncito Pérez?”, por si acaso preferí no preguntar y me quedé con la duda. Por papa noel no hubo mucho problema, por aquel entonces si había comenzado a establecerse por España, al menos en casa aún no teníamos constancia de ello.

Cuando era muy pequeño me encantaban los coches (comencé a caminar para ir a buscar las llaves el coche que mi padre había lanzado) y apenas tenía apetito. Mi falta de apetito redundaba negativamente tanto en mi salud como en la de mi madre. Así que en alguna ocasión debió ser una herramienta de soborno el mundo del motor; hasta tal punto de llegar a calar profundamente en mi subconsciente. Mi convencimiento más absoluto era que para poder obtener el carnet de conducir, todo lo que se tenía que conseguir era tirar de la palanca del freno de mano.

Por algún motivo mis vacaciones en Galicia conseguían abrirme un poco el apetito y durante las semanas que estaba por allí era capaz de comer medianamente normal. La terrinha tiene algo que sin duda alguna no tiene ningún otro lugar en la tierra. Así que algunos años fui con una tía que vivía en Madrid y que nos llevó a muchos de los primos de Sabadell para allí en más de un verano; bien podríamos hacerle entre todos un monumento. En alguna ocasión fui desde Madrid a Galicia, con un Renault Supercinco, y se me antojaba que mi tía igual debería pisar un poco más el acelerador en las subidas, pues el coche descendía dramaticamente de velocidad.

No fue hasta que tuve mi Super Fiestita que me di cuenta que en las subidas los coches no corren. Bueno a no ser que tengas una bestia parda con bastantes caballos debajo del capó, entonces igual correo igual subiendo que bajando. Un pequeño problemilla para los que nos gusta correr, y es que en subidas a veces se hace incluso difícil acercarse a los límites de velocidad establecidos.

Así es que a la vuelta de un viaje iniciático (se me hace difícil encontrarle un adjetivo correcto), la copilota me preguntaba “¿Ahora que subimos como es que no vas tan rápido como cuando vamos cuesta abajo?”. En fin, estando más cerca de los 30 años de de los 20, aún le quedaba inocencia en el mundo del motor 🙂

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